Gays clasistas podrían destruir lo construido

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La semana pasada fui invitado por la Red Ciudadana por la Diversidad Sexual a participar en el Conversatorio: “La reproducción de estereotipos LGBT en medios de comunicación” en la Universidad del Claustro de Sor Juana de la Ciudad de México. Hablé junto a personalidades como mi querida Ophelia Pastrana.

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Aunque la mayoría en la mesa de diálogo luchaba por erradicar los estereotipos gays, yo decidí defenderlos.

Creo que los estereotipos nos dan identidad y son parte de los ingredientes necesarios para construir más allá de una cultura gay, una Cultura Queer; inclusiva, que reconozca la diversidad, pero en todos los sentidos.

Y es que fue muy aburrido escuchar los clásicos argumentos en contra de los gays afeminados, delicados, sensibles. Hubo quien hasta advirtió que les “partiría la madre”.

Desde mi posición de hombre homosexual que acepta su lado femenino y lo abraza con orgullo, detecte que el problema radica en el machismo y la misoginia, conductas que contaminan todas las esferas de la vida en Latinoamérica.

En países como México ser mujer es sinónimo de incapacidad, ridículo, incompetencia, indefensión, debilidad, y hasta invisibilidad.

Ophelia Pastrana dijo que nos han enseñado a avergonzarnos nuestra parte femenina porque ser mujer representa una desventaja rotunda. “¡Pareces vieja!”, todavía gritan en escuelas, parques y hasta ambientes laborales cuando un hombre demuestra miedo, por ejemplo, con lo que asumimos que el miedo es una conducta primero vergonzosa y luego, exclusiva “cometida” por mujeres.

Mi conclusión al respecto es qué dentro de los estereotipos gays, el afeminado, “jotita”, “pasiva”, “maricón”, o como le quieran llamar, debe ser defendido primero porque representa el lado más femenino del colectivo homosexual, luego porque sería una forma de reivindicar nuestro reconocimiento al sexo femenino tan desprotegido en la sociedad, y finalmente porque “jotear” es nuestra marca registrada. (“Jotear”, es un comportamiento gay. Se trata de lenguaje femenino exagerado y toda una serie de expresiones para comunicarse de forma divertida)

Quien con gracia domine el arte de “jotear”, podría fácilmente dominar al mundo.

Luego entonces, cuál es el problema real. De hecho el problema real es el clasismo gay. Si bien la homofobia es un problema latente en todo el mundo, cuando los gays se encuentran en ambientes de vida tolerantes y hasta seguros, comienza el fenómeno de la discriminación entre gays.

En la Ciudad de México se dice que vivimos en una “isla de derechos”, y en cierta medida es verdad. Esto provoca que el grupo de gays más favorecidos económica y socialmente, sientan que la lucha ya está ganada y que los activistas son un grupo de ancianos renegados. Incluso dentro de las universidades existen quienes llegan a pensar que las cifras arrojadas por encuestas de discriminación son inventadas.

Esos gays creen que el problema ya está resuelto y sin sacar sus cabezas de la madriguera gay, comienzan a discriminar para adentro.

Son ellos los que dictan el buen comportamiento de todo hombre homosexual. Son ellos los que pregonan descarados: “Esta bien que nos gusten los hombres, pero no por eso dejamos de ser hombres”. Como si al “jotear” o ser afeminados estuviéramos olvidando nuestra dignidad masculina.

Esos gays también discriminan a los pobres, a los que no pudieron estudiar la universidad, que no van al gimnasio, que no gastan su dinero en videojuegos o ropa de Dolce&Gabbana, que no se codean con los youtubers de moda y no han viajado por todo el mundo.

Tampoco quieren a los homosexuales pasivos (hombres que son penetrados durante las relaciones sexuales entre varones), “pasivas” les dicen. Pues como sus mamás aprendieron y luego les enseñaron, “la que se deja meter la (verga) pierde”.

Ahora bien, como en cualquier grupo social, entre gays lo que más importa es el estatus económico. El que más dinero tiene, más valioso es.

Si tienes dinero no importa que seas afeminado, inculto, estéticamente desagradable y no leas ni los horóscopos. Si tienes dinero simplemente serás reconocido “el mejor gay de la ciudad”.

México es un país clasista, nos definimos a partir del dinero, mientras lo tengas lo demás sale sobrando, incluso si eres un “gay retorcido”, casi “una loca”. El dinero paga el respeto de los que más te desprecian. Si compras un lugar dentro de un grupo social respetable ya la hiciste.

Y como resultado, el clasismo gay es aún más ruin que el general. Pues provoca que entre una comunidad ya de por sí vulnerable, nos lastimemos los unos a los otros hasta destruirnos. Defender los estereotipos gays podría ser el primer paso hacía la emancipación de la subcultura gay y la integración social.

Cuando los gays hablamos de estereotipos nos mordemos la lengua y nos sangra la boca. Más que tratar de eliminarlos, debemos abrazarlos y defenderlos del ataque. Una buena forma de hacerlo es comenzar por nosotros mismos y dar el giro a ciertos términos que escuchamos desde niños.

Si te dicen, responde:

– “¡Pareces niña!”

R. “Sí ¿algún problema?”

– “¡Lloras como vieja!”

R. “Lloro porque se me da la gana”

– “¡Pinche puto!”

R. “¡Gracias guapo!”

Hay que darle la vuelta a las agresiones, demostrar a nuestros detractores que con sus ofensas lejos de lastimarnos nos hacen más fuertes y felices.

Cuando nos digan “jotitas”, demos gracias porque es tanta nuestra influencia en sus tristes vidas, que a la menor provocación nos reconocen.

Seamos conscientes que para ellos somos sus referentes, sus líderes de la moda, sus gurús del estilo, sus mejores amigos y de ahora en adelante un grupo de estereotipos listos para hacer de esta sociedad la generación más colorida y plena que se haya conocido en la historia de la humanidad.

Pero sobre todo, reconozcamos que construir divisiones entre nosotros no ayuda a nadie. Algunos gays dirán que no pertenecen a una “comunidad” y lo entiendo, pero la división no les ayudará tampoco a lograr sus objetivos individuales.

Al rechazarnos entre nosotros tarde o temprano pagaremos por arrogantes y descubriremos que sí bien somos individuos, vivimos en sociedad.

Y recuerden jamás llamar a la violencia. Aquellos que optan por responder con la misma piedra a sus agresores, están aún más atrasados en la historia. Debemos ir un paso más adelante, responder con mejores argumentos, ser felices y siempre sonreír.

Por @CriSzis

Somos lo mejor!

“Normalización”, clave para que las empresas integren a la Comunidad LGBT

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El día de ayer mis amigos del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (Copred), y la Alianza por la Diversidad e Inclusión Laboral (ADIL), llevaron a cabo el Primer Foro de Buenas Prácticas sobre Diversidad e Inclusión Laboral LGBT 2014.

Agradable sorpresa me llevé cuando vi el cartel de empresas que respondieron al llamado de los gays en la Ciudad de México, y enfatizo que fueron gays, porque aunque se abordaron temas de inclusión de la comunidad lésbica y trans, la “G” de LGBT fue la letra más presente entre organizadores y asistentes.

En el foro hablaron representantes de la consultora Accenture, el Banco Nacional de México (Banamex), Dow Química Mexicana, IBM México, J.P. Morgan, JW Marriot Ciudad de México, Microsoft México, Pfizer México, Procter & Gamble y Scotiabank.

¿Por qué me sorprendió? No fue por dudar de la capacidad de Daniel Serrano, Francisco Robledo, Ricardo Baruch y Roberto Perez Baeza, líderes gays que se dieron a la tarea de crear este ambicioso proyecto, sino por la respuesta de las empresas. Para ser el primer año que se lleva a cabo, la presencia de compañías fue destacada. Todas con importancia a nivel internacional, con historias de éxito bien conocidas y con grandes planes de crecimiento futuro.

Copred y Adil con representante de Procter&Gamble

Copred y Adil con representante de Procter & Gamble

Procter & Gamble por ejemplo, aseguró que buscaba ser la empresa más incluyente con los LGBT del mundo. Todos los participantes mostraron los esfuerzos que llevan a cabo al interior de sus organizaciones para lograr que su ambiente laboral se encuentre libre de homofobia y no sólo eso, además que el respeto a la diversidad de sus colaboradores sea el ingrediente especial para cocinar el éxito económico.

Las empresas se han dado cuenta que un ambiente laboral donde los empleados tengan que luchar contra la discriminación por su orientación sexual, impide que se logren los objetivos comerciales para los que han sido creadas.

Como cualquier otro empleado, los gays, lesbianas y transexuales tienen talentos que pueden ser explotados por los líderes organizacionales y dueños de compañías. Por lo tanto la preocupación de contar con condiciones de trabajo óptimas para este sector social está absolutamente fundamentado. No se trata de privilegiar a los LGBT sobre los demás empleados o colaboradores, se trata de que todos cuenten con las mismas oportunidades y que lo único que determine su permanencia y desarrollo laboral sea el empeño que pongan en sus respectivas tareas.

La mejor forma para lograr que el ambiente laboral de las empresas esté libre de homofobia es la “normalización” de la Comunidad LGBT. Esto se puede dar mediante la difusión de historias de éxito de personalidades LGBT dentro del mundo financiero, de la arquitectura, las leyes, la química, el desarrollo tecnológico y demás ramas de la actividad económica.

Un buen ejemplo de este tipo de “normalización” es lo realizado en otros lugares del mundo como EU. Allá la revista OUT ha realizado una lista de las 50 personalidades LGBT más “poderosas” del mundo, cada año la renuevan y demuestran que dentro de los gays, lesbianas y trans hay personas que pueden llegar a desarrollar sus talentos tanto o más que los heterosexuales. Es decir, igual que ellos.

Si Steve Jobs (hombre heterosexual) fue el líder tecnológico más importante mientras dirigió Apple, también tenemos a su amigo Tim Cook, abiertamente homosexual y que ahora lleva las riendas de una de las empresas más emblemáticas de nuestro tiempo. De hecho, la revista OUT ubicó a Cook en el número 2 de los LGBT más “poderosos” del mundo.

Y así en el número 1 de los LGBT más poderosos tenemos a una reina, Ellen DeGeneres, la lesbiana más amada de la televisión que le hace la competencia a Oprah Winfrey, la mujer más poderosa de ese medio de comunicación.

Organizadores e invitados especiales.

Organizadores e invitados especiales.

Ahora bien, un reto importante y aún no abordado con éxito es el de la normalización de los trans, es decir, más allá del ambiente artístico donde desde hace tiempo tienen un lugar respetado. Ser incluyente con los trans en las empresas no es algo fácil, aunque no nos guste aceptarlo aún existen muchos tabúes a derribar y más prejuicios.

Según cifras de Copred los gays son el segundo grupo social más discriminado en la Ciudad de México. 89 por ciento de los capitalinos considera que los gays son discriminados, y 75 por ciento de la población considera que los trans son víctimas del rechazo. Aunque la percepción de que los trans son menos discriminados que los gays es real, esto se debe a que los trans aún no han podido hacerse visibles en otros ambientes laborales más allá de la farándula, el estilismo y la prostitución. Al menos no con tanta fuerza como en estos tres últimos.

Al no estar presentes ejerciendo profesiones como la abogacia, contaduría pública, medicina, arquitectura, odontología, entre otros, la población heterosexual (e incluso la LG) no se dan cuenta de su existencia y la relevancia de dar atención a sus necesidades, una de ellas: trabajar en un ambiente libre de transfobia.

Son pocos los líderes trans en el ambiente empresarial pero los hay. Muy de cerca conozco a Ophelia Pastrana, quien dedica su vida a la industria de los medios electrónicos y las estrategias digitales. Su experiencia es valorada por expertos y principiantes, y en más de una ocasión ha sido citada por revistas especializadas, entrevistada en diferentes medios de comunicación y llevada a la platica de varios círculos interesantes.

© www.jorgelara.com

Ophelia Pastrana

Aunque es muy seria en su trabajo, Pastrana cuenta además con una personalidad entrañable, ya saben tiene encanto, lo que la convierte en una líder “redonda”… mmm ya saben, completa. La historia de Pastrana muchos ya la conocen, salió de Colombia y llegó a México para conquistar el mundo. Durante su vida de varón, Mauricio (Ophelia Pastrana) se casó con una mujer biológica, ya en vida marital fue que inició como tal su proceso de transición, es decir reafirmó su condición como mujer y decidió comenzar el camino para lograr serlo. Si quieren saber más de ella síganla en Twitter y pregunten lo que quieran, siempre está “dispo”.

Creo que el camino recién iniciado por Copred y ADIL resulta inspirador y sobre todo esperanzador. Deseo que en las próximas ediciones del Foro de Buenas Prácticas Sobre Diversidad e Inclusión Laboral LGBT, se unan más empresas, sobre todo de capital 100 por ciento mexicano.

Además, propongo que se busque la participación de líderes LGBT de los negocios, el comercio, la industria, el turismo y todas las ramas de la actividad económica de México, personalidades que inspirarán a empresarios y empleados a incluir como iguales a sus compañeros LGBT.

Y pues ya, este 24 de noviembre el evento estuvo muy divertido, vi a muchos amigos, me pidieron selfies algunos fans y comí ricos bocadillos en el Museo de Arte Popular, que se ubica en un bellisimo edificio estilo Art déco en el centro de la mágica y gay Ciudad de México.

Por @CriSzis

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