Orgullo Gay: ser un PUTO feliz

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Antes de la emblemática marcha del orgullo gay de mi ciudad, la capital de México, quiero compartir con ustedes mis razones para salir a la calle y hacer visible mi homosexualidad.

Recuerdo que cuando tenía unos 8 años me enamoré por primera vez. Su nombre era Francisco, un niño que llegó de intercambio a mi escuela.

A esa edad no tenía nociones de discriminación, no sabía de crímenes de odio y jamás nadie me había rechazado por ningún motivo.

Recuerdo que me inventaba cualquier pretexto para estar cerca de él y cuando mi hermana se dio cuenta de mis sentimientos, sólo me dirigió una sonrisa cómplice.

Pero todo cambió al crecer. Ya en la adolescencia fui testigo del odio, la aberración y el asco que los homosexuales provocamos a ciertos grupos de personas.

A los 14 empecé a temer por mi seguridad, intentaba ocultar lo obvio y decidí fingir ser otro adolescente, uno al que le atraían las mujeres.

Durante la preparatoria tuve que reprimir mis deseos sexuales y me conformé con las chaquetas (literal) mentales, todas las noches en mi habitación .

En la universidad mis encuentros sexuales con otros varones eran siempre a escondidas, en los baños, en nuestras casas mientras nuestros padres no estaban, en el bosque. Para dar un simple beso teníamos que asegurarnos de que nadie nos observaba.

Pero un día desperté luego de un hermoso sueño. En mi sueño me atreví a dar mi primer beso a Francisco, pasados los años nos hicimos novios, nuestras familias nos cuidaban como pareja; asistimos a fiestas familiares, terminamos juntos nuestras carreras y nos casamos en una pequeña boda en el campo.

Fue entonces que decidí que mis sueños se tenían que volver realidad. Salí de mi casa, fui a la universidad y llevé al que entonces era mi novio a “Las Islas”, en Ciudad Universitaria (donde estudiábamos).

Nos acostamos en el pasto a platicar y sin decirle nada, rodé hasta quedar encima de él y le planté el beso más dulce que he dado en toda mi vida.

Ahí, frente a decenas de parejas universitarias heterosexuales. CU es un ambiente muy amigable con la diversidad, así que no pasó mucho.

Luego, fui a clases y les dije a mis mejores amigas (Ady y Liz), “Soy gay”, me respondieron: “Ya lo sabíamos y te queremos tal como eres”.

Llegué a casa y se los dije a mis padres, les costó unos meses pero me aceptaron y hoy en día me aman igual que a mis otros hermanos.

Salí a la calle y decidí que nada me detendría para ser el hombre que quiero ser, un “puto pleno y feliz”.

Por qué “puto” se preguntarán. Durante todos esos años de crecimiento, al enterarme de la homofobia, lo que más me dolía escuchar cuando la gente se refería a nosotros los homosexuales, era que nos llamaban “jotos”, “maricas”, “maricones”, y por su puesto “putos”.

Decidí aceptar que soy un “puto”, no por lo que ellos piensan que significa. Decidí que lo más importante era el significado que uno asigna a las palabras. Si quieres que te lastimen lo harán, pero uno mismo tiene el poder de resignificar las palabras y utilizarlas para lo que queramos.

Desde entonces para mi, “PUTO” significa: “Persona Única Totalmente Orgullosa de quien es”.

Por eso este 27 de junio desde el Ángel de la Independencia y hasta el zócalo de la Ciudad de México, marcharé porque me siento feliz, tengo a mi familia que me ama, a mis amigos que siempre están a mi lado y a los nuevos amigos que cada día me dan la oportunidad de sonreír.

También marcho por todos los que siguen pronunciando la palabra “PUTO”, porque gracias a ellos soy un tipo fuerte, valiente y cada día mejor.

Por @CriSzis

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Generación Queer de mi ciudad

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El sábado pasado mi amigo Gerard Cortez me invitó a la Fiesta Bomba en el Salón Caribe de la avenida San Cosme, en la Ciudad de México. Tuve la oportunidad de disfrutar la presentación estelar de la Drag Queen Raja y el singular debut como Dj de Carmen Campuzano.

De la reina drag ustedes ya lo saben todo. Es una de las ganadoras del popular reality “RuPaul’s Drag Race” en EU y en su presentación durante la Fiesta Bomba deslumbró con su profesionalismo, sensibilidad y generosidad hacia el público mexicano al interpretar un performance inspirado en la canción “La Llorona” y el estilismo de Frida Kahlo.

Pero más allá de la genial fiesta, el encuentro con queridos amigos y los intensos pasos de baile, tuve una genial revelación.

Aunque no soy un anciano, deben saber que pertenezco a la generación de gays que aún tuvimos que escondernos de darnos un beso y que teníamos que recurrir a las salas de chats para conocer no sólo amantes, sino también amigos “del mismo bando”.

Todas las tardes de mi adolescencia corría a un café internet cercano a casa donde pasaba un par de horas conversando con desconocidos sobre mi verdadera orientación sexual.

La colonia entera estaba al tanto de mi homosexualidad, pero la presión social y cultural provocaban que nadie, ni yo, lo pudiéramos hablar abiertamente.

Durante aquellos años, cuando cumplí 15, lloré de emoción al ver al que para mí fue el primer personaje adolescente de televisión abiertamente gay, “Jack”, de Dawson’s Creek, la serie con la que la masa de pubertos ñoños nos entreteníamos. El fenómeno era parecido a lo que más tarde ocurrió con Glee.

Pues bien, para no hacerles el cuento largo, llegué a los 20 años de edad siendo un “revolucionario”, besando chicos en los baños de la universidad, invitando a mi maestro de Ética a salir y otras tantas “barbaridades”.

El sábado en la Fiesta Bomba me alegré de ver muy cerca a la nueva generación que vive en mi ciudad.

Muchos se identifican con el fenómeno Queer, que aboga por la desgenitalización de la sociedad y la eliminación de las etiquetas. Esta nueva generación no se identifica con ninguna de las siglas LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans), pero disfrutan de lo logrado por quienes sufrieron la época más brutal de rechazo social y desprotección oficial.

Los “Club Kids” como los llamó Gerard, son jóvenes a los que realmente ya no les importa lo que nadie diga de ellos. Como dice la vieja canción de Alaska y Dinarama, “…yo soy así y así seguiré, nunca cambiaré ¿a quién le importa lo que yo haga?”; son desde mi punto de vista, básicamente felices.

Ya no vivieron la etapa más dura de la homofobia y transfobia en la Ciudad de México y cuentan con más herramientas que los dota de seguridad para salir a la calle tal cual son.

El internet, la promoción de la cultura de la inclusión en el DF y la apertura de los medios a temas como la homosexualidad, lesbianismo, dragueo, transexualidad, y un largo etcétera, logró que los chavos capitalinos de hoy salieran de todo tipo de clósets (literal), se pusieran lo que más les gusta y caminaran por las calles del DF con tacones, pelucas, tangas, minifaldas, ombligueras, maquillaje brillante, cabello de colores, tatuajes, aretes, abrigos de pieles, sombreros y gorras de todo tipo, vestidos, crinolinas, coronas, lentes, antifaces, alas, cuernos, bueno, finalmente todos llegaron hasta el Salón Caribe para celebrar, tal vez sin saberlo, décadas de lucha.

No estoy diciendo que los jóvenes queers sean ignorantes, pero en general quieren olvidar el pasado y vivir la vida que les tocó.

Me dio gusto ver que el trabajo de muchos activistas que conozco y admiro tiene este tipo de resultados. Pero me intriga el futuro de esta generación Queer.

Aunque la fiesta y liberación son señales de una evolución positiva, habrá que ver  qué tantos de estos chicos saben que viven en una realidad privilegiada y que aún hay muchos lugares en el resto de México donde incluso los matarían por usar la ropa que usaron la noche del sábado, ya no decir por besarse en público o llevarse a la cama a un individuo de su mismo sexo.

¡Calma! no quiero ser aguafiestas. La Fiesta Bomba es una muestra del clima un tanto favorable en el que vivimos los gays, lesbianas, transexuales y en general diversos sexuales de la capital de México.

Me encantaría que más fiestas como estas se llevarán a cabo en todo el país, con “bombo y platillo” como se dice por ahí, sin que los habitantes de cada entidad califiquen la celebración de “fiesta de locas”, y con la mezcla de todas las siglas de la Comunidad LGBT y otras que nunca han necesitado de visibilización. Me consta que hay fiestas de vaqueros homosexuales en el norte, o de tangas en muchas playas de México, por ejemplo, pero lo que destaca de la Fiesta Bomba es que aquí no hay etiquetas, no hay rechazo, no hay violencia y me aventuró a escribir que el ambiente fue de lo más sano que he vivido.

Con placer veo que la generación Queer se apodera de la Ciudad de México y tal vez esté en sus manos convertirla en un mejor lugar para vivir.

“Homosexuales en la oficina” por Casasola (Fototeca Nacional):

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Fotos de la Fiesta Bomba de este 25 de abril: 

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Por @CriSzis

Como cuando los homofóbicos nos matan por “paranoicos”

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Este lunes se cumplieron 3 años de la muerte del joven chileno Daniel Zamudio. A él 4 homofóbicos lo mataron a golpes. La tragedia conmovió a Chile y provocó que se legislara en torno a los crímenes de odio por homofobia y que sus victimarios recibieran distintas condenas, según su grado de culpa.

En México las cosas no son menos graves; hace algunas semanas un par de sujetos confesaron entre risas haber matado a un “jotito”. A continuación la nota con video: “Entre risas, confiesan haber matado a un homosexual” Las cifras nos indican que por ejemplo, en la Ciudad de México el segundo grupo más discriminado son los gays. Esto según la última Encuesta Sobre Discriminación de la Ciudad de México, levantada por el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México en 2013 (COPRED).

No obstante los terribles testimonios y lamentables cifras. Todavía existe quienes califican de paranoicos a los homosexuales. Aseguran que percibimos homofobia hasta en la sopa y que nuestras acusaciones carecen de fundamento.Sin embargo esos mismos juicios son en sí muestras de homofobia.

Hace algún tiempo un comunicador me preguntó si ciertas actitudes de su personal me parecían homofóbicas, yo le respondí que sí pero que no tenía caso reprenderlos por ello.

Cuando confrontamos a los homofóbicos y les hacemos ver directamente su falta, la única respuesta que obtendremos será negativa. Primero les parecerá irritante tener que atender las necesidades de los “maricones”, que según la educación conservadora tradicional, son inferiores a ellos. Luego crearán un sentimiento de rencor por las “consideraciones” y privilegios que no merecen hombres que gustan de tener sexo con otros hombres. Finalmente intentarán todo para no atender las observaciones sobre su comportamiento homofóbico.

Antes de aceptar su error, los homofóbicos son capaces de establecer toda una red de acción para lograr sacar del camino a los gays que se interpongan en una vida sin “enfermos” que según ellos lo único que buscan es envenenarlos y apoderarse de lo que por “derecho divino” les pertenece.

Es cuando surgen las alianzas entre homofóbicos, algunos se unen para intimidar al homosexual en cuestión, otros para lograr que lo despidan de su trabajo, unos más para acorralarlo durante la noche y darle una buena golpiza “para qué aprenda”, otros más utilizan los recursos jurídicos que un gobierno homofóbico les brinda, demandando a los homosexuales, acusándolos de “problemáticos”.

Es aquí donde vemos reflejado su verdadero miedo, la real y más clara homofobia. Los homofóbicos piensan que los gays somos origen de un virus y que somos capaces de matarlos con tal de lograr nuestros “sucios objetivos”. Para ellos y ellas, que odian a los gays, no hay otra alternativa que exterminarnos.

El otro día recibí la llamada de un colega. Me contó que el abogado de la empresa para la que antes trabajaba le llamó para amenazarlo, le indicó que no podía decir nada sobre el maltrato sufrido por su ex jefa, le recordó que había firmado un documento en el que aceptaba que nunca había sido víctima de homofobia ni de ningún tipo de discriminación.

El abogado le advirtió que de lo contrario se arrepentiría y burlonamente le hizo ver que la sociedad y las autoridades mexicanas creerían más en un buen nombre, de una organización liderada por heterosexuales de bien, sanos, con parejas estables, hijos y contactos importantes en la política.

Mi amigo me confesó estar arrepentido de haber firmado dicho documento pero “¿Qué más podía hacer?”- me preguntó-.

Y es que la sociedad mexicana percibe a los gays, lesbianas y transexuales como ciudadanos “problemáticos”.

Como en la actualidad nos hemos hecho más visibles y la lucha por nuestros derechos está cada vez más presente, los homofóbicos no lo pueden soportar y argumentan que sólo somos un “problema”.

A diferencia de los homofóbicos, yo no tengo miedo. Todos los días camino con la frente en alto, no tengo nada que ocultar.

Aunque conservo mi intimidad como un tesoro preciado, no lo hago por que me avergüence de lo que pase en mi cama, simplemente se trata de algo que no es de interés público.

Espero que todos ellos que nos llaman “paranoicos”, nunca tengan que sufrir por la muerte de un ser querido a manos de un grupo cuya única motivación fue el odio.

Nota: Esto no es una amenaza para nadie. Son libres de interpretar lo que quieran tanto como yo de escribir lo que me plazca.

kilo Por @CriSzis 

Qué sentirán los homofóbicos si nos pitorrearamos en el funeral de sus “putas madres”

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Hace unos días trascendió una nota en la que dos hombres confesaban haber asesinado a un “jotito” que no les quiso pagar por sus servicios sexuales. A continuación el link a la nota con video:

Entre risas, confiesan haber matado a un homosexual

Además de la tragedia, los lectores fuimos testigos de la lamentable actitud de los reporteros, quienes sin ningún profesionalismo, interrogaron a los presuntos homicidas en un tono casi de “camaradería”.

Si bien los criminales resultaban patéticos al realizar sus declaraciones entre risas, lo que más indignación causó fue la evidente poca preparación con que los comunicadores realizaron su labor al levantar la información.

De la boca de estos “periodistas” salían frases como “¿No se la diste a oler?”, “¿Pero si le cumpliste?”.

Además de estas preguntas, la situación “divertida” en la que se parecían encontrar tanto criminales como reporteros, era simplemente deprimente. Pero también reveladora.

¿Por qué reveladora? A lo largo de mi vida, al trabajar siempre rodeado de una sociedad conservadora, me he dado cuenta que existe un argumento en contra de quienes afirmamos que la homofobia sí existe, muchas veces he escuchado que me acusan de “exagerar” y de ver actitudes homofóbicas hasta debajo de las piedras.

La realidad es que la homofobia sí existe y en México es patente en casos como el de este video. Es un simple ejemplo del ambiente en el que vivimos los gays y lesbianas mexicanos. Nuestras necesidades no sólo no importan a las autoridades, nuestros congéneres nos perciben como algo seres inferiores cuya vida no tiene valor.

Imaginen (Dios no lo permita) que sus madres deciden pagar por sexo a dos hombres jóvenes. Tal vez porque sean viudas o tal vez porque sus esposos ya no les respondan sexualmente. Sus madres, como cualquier mujer y ser humano, tienen derecho a vivir la vida sexual en plenitud. Pues bien, sus madres contratan a estos hombres, obviamente no le informan a nadie de la familia pues consideran que es parte de su intimidad.

Luego de un rato de sexo quedan insatisfechas y reclaman a los hombres, estos se niegan a satisfacerlas y arremeten contra ellas. Las golpean, asfixian y finalmente asesinan, luego avientan sus restos en una zanja lejos de la ciudad.

Ahora respondan las siguientes preguntas:

– ¿Les pareció gracioso?

– ¿Sus madres merecían este horrendo tipo de muerte?

– ¿Está mal que los gays y las madres contraten sexoservidores?

– ¿Los hombres heterosexuales son los únicos que pueden contratar sexoservidoras?

– ¿Qué sentirían si llamáramos a sus madres “putas”?

– ¿Les gustaría que mientras sacan el cuerpo de su madre del SEMEFO les preguntemos: “¿Le dieron a oler la verga a tu madre?¿Tu madre abrió las patas?¿Se la metieron bien duro?”

Si sintieron feo los comprendo, sería horrible que algo así sucediera y que los demás nos comportáramos como bestias. Pues bien, eso mismo es lo que pasa cuando un “jotito” muere de esta terrible forma. En primera dejen de usar el término “jotito” (eso va para todos); luego, se trata de un ser humano como cualquiera y por lo tanto merece una muerte digna, nadie tiene derecho a terminar con su vida y luego pitorrearse como si se tratara de una película de Tarantino… eso es ficción señores, la realidad la construimos nosotros y deberíamos aprender a respetarnos.

Finalmente, me encantaría saber los nombres de esos que se rieron ante la tragedia de “Michelle”, en Ciudad Juárez, Chihuahua; luego esperaría a que llegue el día en que sus madres mueran y asistiría al funeral para recordarles lo “divertido” que alguna vez les resultó la muerte.

Nota: Lamento si con mis palabras ofendí o lastimé a mis lectores, era la intención. A veces no nos damos cuenta del dolor que hacemos hasta que lo vivimos en carne propia. Para mi ninguna mujer debería ser llamada “puta” y ningún homosexual “jotito”. Utilicé los términos y el tono agresivo como herramientas de este post.

Por @CriSzis

 

Baja California podría convertirse en el 3er estado de México con Matrimonio Gay

Víctor Manuel Aguirre Espinoza y Víctor Fernando Urías
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El día de hoy el abogado José Luis Márquez Saavedra ha informado que 13 parejas gays han solicitado un amparo ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para poder casarse en Baja California.

De otorgarse al menos 5 amparos, los legisladores de ese estado fronterizo se verían obligados a legislar sobre el Matrimonio Igualitario, figura jurídica que permite a los homosexuales casarse como lo hacen los heterosexuales, con todos los derechos y obligaciones que esta unión conlleva.

Pongan mucha atención al término que utilicé: “obligados”, lo hice porque el estado de Baja California ha mostrado poca disposición a acatar lo ya dispuesto por la SCJN, que sentenció que prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo es “inconstitucional”.

Un ejemplo es el caso de Víctor Manuel Aguirre Espinoza y Víctor Fernando Urías, quienes desde el 2013 han intentado casarse, la última vez fue en noviembre pasado cuando todo estaba listo para su enlace en el Ayuntamiento de Mexicali. Sin embargo las autoridades hicieron “circo, maroma y teatro” para impedírselos. A continuación la nota: Gays no se casan en Mexicali porque ni Dios ni el PAN lo quieren

Finalmente se ha anunciado que este 10 de enero a las 14:30 horas, Víctor Manuel y Víctor Fernando serán recibidos en el ayuntamiento de Mexicali donde el juez los unirá en matrimonio.

Al respecto el alcalde de dicha ciudad Jaime Rafael Díaz Ochoa, advirtió que siempre y cuando se respete el proceso de unión la boda podrá llevarse a cabo.

Y pues nada debemos estar atentos a 7 puntos:

Primero, alguien debería recordar al alcalde Díaz Ochoa que no por ser del PAN está sobre la autoridad de la SCJN y por lo tanto al seguir impidiendo el matrimonio entre homosexuales está violando la ley. Su actitud francamente subversiva debería poner la lupa sobre toda su administración, pues este tipo de conductas son la señal de otras que ponen en riesgo la seguridad y bienestar de los habitantes de Mexicali.

Segundo, esperemos que no se den falsas alarmas de bombas o incendios, que nadie atente contra la vida de los asistentes a la boda gay o que las autoridades decidan que un grupo de cristianos que protesten a las puertas del ayuntamiento sea razón suficiente para ignorar la sentencia de la SCJN.

Tercero, veamos que la pareja sea tratada con dignidad y respeto, que no se les haga esperar más de lo acostumbrado en un procedimiento de esta naturaleza y que se les atienda como a cualquier pareja de ciudadanos que deciden contraer matrimonio.

Cuarto, observemos la sentencia de la SCJN sobre las 13 solicitudes de amparo de parejas de Baja California. Los gays y lesbianas de ese estado necesitan ganar 5 de los 13 amparos para que entonces los diputados locales legislen en torno del Matrimonio Igualitario.

Quinto, sería muy bueno que al finalizar la ceremonia civil, el alcalde de Mexicali felicitara a los enamorados y anunciara que las otras parejas que han presentado amparos serán bien recibidas en las oficinas del ayuntamiento ¿Por qué? Porque se trata de un momento histórico para la ciudad y para el estado de Baja California, como tal Díaz Ochoa debe darle la importancia y estatus merecidos, además de que con ello podría corregir su actitud inicial de irrespeto hacia la ley.

Sexto, de legislar y aprobar el Matrimonio Igualitario, Baja California se convertiría en la tercer entidad de México en la que los gays y lesbianas pueden casarse como lo hacen los heterosexuales. Esto es, disfrutando de todos los beneficios, como el derecho a heredar, adoptar, compartir seguridad social, etc. Actualmente el D.F. y recientemente Coahuila son las únicas entidades en donde los homosexuales pueden acceder al derecho universal de formar una familia y contar con reconocimiento jurídico.

Séptimo, recordemos que la institución básica de la sociedad es el matrimonio, a través de él los ciudadanos pueden apoyarse para lograr metas conjuntas. A quienes dicen que la meta del matrimonio es la reproducción, dos cosas: existen parejas heterosexuales estériles o que no tienen interés en reproducirse; por otro lado los gays y lesbianas son biológicamente igual de capaces que los heterosexuales para reproducirse, por si esto fuera poco, muchos matrimonios gays se deciden por la adopción y así cuidan de niños que por diversas causas no pudieron ser criados por sus padres heterosexuales.

Agreguen los que me faltaron.

Por @CriSzis

Top 5 misterios resueltos sobre Halloween

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La temporada más significativa para este bloguero es la de Halloween y Día de Muertos, ambas celebraciones con orígenes místicos que siguen vigentes actualmente. Si bien soy mexicano y amo mis tradiciones, en esta ocasión busqué acercarme un poco más a la celebración ya totalmente adoptada desde EU, el Halloween. A continuación 5 dudas sobre esta celebración que resolví gracias a un artículo del periódico español ABC:

1. ¿Por qué se piden dulces?

Pedir dulces durante Halloween proviene de una tradición de algunos cientos de años llamada “mumming”, que consistía en usar máscaras y pedir dulces o comida a cambio de realizar un baile o un número musical. Según el libro “Celebrating the family”, de Elizabeth Pleck, el origen del “mumming” podría ser británico, de la época de Enrique VIII, quien terminó por prohibirlo pues la población empezó a usar la tradición para cometer crímenes de todo tipo; o bien de hace unos 300 años en lo que hoy conocemos como EU. Como sea, en un principio fueron los niños pobres quienes aprovechando la época de cosecha y bonanza, acudían de puerta en puerta solicitando algo para comer; luego a los niños más afortunados se les ocurrió que podían hacer lo mismo pero exigiendo dulces.

Ojo, pedir dulces en Halloween es muy diferente a “pedir calaverita” en Día de Muertos; la tradición mexicana incluye frutas, platillos tradicionales, “pan de muerto”, dulces tradicionales y muchas otras cosas, además de que se pide orar antes de recibir el botín.

2. ¿Por qué nos enamoramos en Halloween?

La tradición irlandesa apuntaba que la noche de Halloween era perfecta para que los jóvenes conocieran a su “alma gemela”, por lo que se les animaba a realizar todo tipo de rituales y juegos para llamar a las “fuerzas del más allá” y con su ayuda encontrar “el amor verdadero”. Uno de esos juegos consistía en que las niñas predecían quien sería su esposo utilizando una col, sí una legumbre directamente salida de la reciente cosecha.

3. ¿Por qué la calabaza tallada con rostro e iluminada con una vela es el símbolo de Halloween?

En realidad todo empezó por un nabo, luego derivó en una calabaza pues su color y forma son más vistosos y festivos. Se trata de la historia de “Jack Linterna”.

Resulta que Jack era un hombre muy inteligente pero demasiado engreído, nadie lo soportaba pues se creía mejor que todo el mundo. De hecho su prepotencia era tal que una noche mientras se emborrachaba en su taberna predilecta, aseguró que nadie, ni siquiera el Diablo, podría superar su astucia; para su mala suerte el Diablo escuchó sus absurdas palabras y lo enfrentó.

El Diablo le indicó que como castigo a su soberbia debía ir con el al Infierno, pero Jack no se rindió y jugó con la inteligencia de Lucifer; como ya no tenía dinero para pagar la última cerveza que se tomó, le pidió al Diablo que se transformara en moneda para poder pagarle al dueño del bar y así poder irse (literal) al Infierno. El Diablo cayó y se convirtió en moneda, entonces Jack guardó la moneda en su bolsillo junto a un crucifijo de plata con lo que el rey de las tinieblas quedó atrapado.

Para poder salir del aprieto, el Diablo prometió a Jack dejarlo en paz un año más con tal de que lo liberara. Así lo hicieron. El año transcurrió y el Diablo regresó por Jack, entonces el astuto hombre le lanzó un reto, arrancar una manzana de un árbol ajeno, el Diablo así lo hizo, pero no se dio cuenta que Jack había tallado una cruz en el tronco del manzano. Eso le dio a Jack otra prorroga de 10 años.

Pero Jack no vivió otros 10 años. Al momento de morir Dios no le permitió la entrada al Cielo y por el pacto que había hecho con Lucifer, tampoco podía acceder al Infierno. Entonces todos acordaron permitirle vagar por el mundo alumbrando su camino con una lampara hecha a base de un nabo y una vela, desde entonces se le conoció como “Jack Linterna” o “Jack O Lantern”.

4. ¿Pero de donde viene Halloween en realidad?

Se trata de una tradición celta que tiene más de 3 mil años de antigüedad. Los celtas celebraban un festival llamado “Samhain”. Según la tradición, durante la noche del 31 de octubre desaparecía el límite entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

Esa noche las almas de los muertos solían vagar por las aldeas y pueblos, temerosos, los celtas se “disfrazaban” con cabezas y pieles de animales muertos para persuadir a los espíritus de regresar a su mundo; así mismo se hacían todo tipo de sacrificios para tener contentos a los visitantes del mas allá.

5. ¿Por qué aprovechamos Halloween para lucir como “putas” sin que la sociedad nos critique?

Porque lo que más queremos es tener sexo y Halloween es la época perfecta para “disfrazar” nuestras verdaderas pasiones. Por cierto, el término “putas” es aplicable a hombres y mujeres en este caso.

Por @CriSzis

En el #SpiritDay debemos luchar por el amor y la justicia

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Hoy conmemoramos el #SpiritDay para recordar que cada día debemos luchar contra el acoso homofóbico, desde la escuela, pero también en los demás ambientes de la vida cotidiana.

En todos los ambientes que pisamos hombres y mujeres, nos enfrentamos a múltiples desafíos. Los hombres homosexuales han tenido que soportar décadas de vejaciones, discriminación y tristeza. Escondidos o en las sombras, los gays han tenido que vivir su sexualidad como apestados.

En nuestros días ha tomado fuerza el movimiento en pro de los derechos de la Comunidad LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans), una buena parte del mundo se preocupa cada vez más por reflexionar en torno a estos temas y comprender a los miembros de este grupo social.

Hablo en especifico de los gays, porque soy uno de ellos y me corresponde hablar desde mi posición. Tras 31 años de vida les puedo contar que no ha sido fácil, siempre encuentras obstáculos y gente a la cual enfrentar. Al principio, de niño o adolescente, lo enfrentas como puedes, cuando creces te das cuenta que te has hecho fuerte y decides enfrentar la vida con valor, pero la homofobia sigue acechando.

Recuerdo que de niño me afectaba mucho cuando alguien me decía “puto”, “joto”, “marica” o “puñal”, la humillación era mayúscula y no era necesario ningún golpe físico para retorcerse de dolor.  Pero también los había, más de una ocasión fui agredido por otros niños que se creían más fuertes por actuar en grupo. Obviamente un niño contra 5 siempre las tendrá de perder.

Actualmente las cosas no han cambiado mucho, cuando acusas a alguien de homofobia, parece haber más interesados en defender a esa persona que en esforzarse por entender que este tipo de discriminación no está en la imaginación de los homosexuales, es real y tiene efectos negativos en toda la sociedad.

Las personas siguen sin entender que cuando insultan a un gay, lo hacen menos o lo agreden, no sólo le hacen daño a él; generan una dinámica social basada en el odio que como consecuencias provoca el desarrollo de individuos frustrados pues en estos casos nadie tiene la razón, todos deberían aprender a vivir con sus diferencias.

El odio es un sentimiento que mueve poderosamente al ser humano, lo ayuda a emprender guerras de todo tipo. La de la homofobia es una guerra que enfrenta a aquellos hombres que gustan del sexo con otros hombres, con las personas que creen que eso no es “normal” o “natural” y que a toda costa quieren esconder, pues eliminar nunca podrán.

Según el Centro de Investigaciones Pew, en México el nivel de aceptación de la homosexualidad ronda apenas el 61 por ciento, los mexicanos siguen pensando que los gays somos conflictivos, sucios, pedófilos, enfermos, “sidosos”, prostitutos, vanidosos y egoístas.  Cuando un homosexual es agredido en un lugar de trabajo y decide quejarse, es calificado como un problema, cuando decide defenderse se convierte en alguien problemático o una franca “amenaza”.

Los gays vivimos entre la espada y la pared. En México se han dado avances oficiales en cuanto al reconocimiento de derechos para la Comunidad LGBT, como el reconocimiento del Matrimonio Igualitario en DF y Coahuila, así mismo, el Presidente Enrique Peña Nieto decretó al 17 de mayo como “Día Nacional de la Lucha Contra la Homofobia”. Sin embargo la realidad es diferente, la verdad es que la mayoría de las personas siguen pensando que los homosexuales no deberíamos existir, lo peor es que siempre hemos existido y seguiremos aquí.

Este #SpiritDay nos debe servir para recobrar el espíritu de lucha, salir a la calle, ser felices y demostrar que ser gay es tan bueno o malo como lo son todos los seres humanos.

Vistan de morado y sonrían.

Así que a luchar por el amor y la justicia

Así que a luchar por el amor y la justicia