Futbol se resiste a cambiar “cultura homofóbica”

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Recién nos enteramos que la FIFA multó a la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut) por los gritos homofóbicos que los aficionados mexicanos lanzan en los estadios a miembros del equipo rival, como el tradicional “PUTOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!”.

La Femexfut dijo que se amparará para no pagar los más de 395 mil pesos a que se hizo acreedor.

El secretario general de la Femexfut, Guillermo Cantú, explicó: “… argumentamos que no es discriminatorio en el sentido en el que se pone, porque hay que entender culturalmente algunas de las palabras, algunos mexicanismos que se han ido dando y en el futbol no es la excepción”.

Luego no me sorprendió cuando escuché la opinión de los comunicadores deportivos como Inés Sainz y Christian Martinoli, quienes durante su intervención en el noticiero Hechos de la noche, propusieron a la Femexfut que mejor preparé un cheque para cada partido, pues los gritos “homofóbicos” era algo que no iba a cambiar.

Amigos y amigas pamboleros, su argumento “cultural” es equiparable a decir que como la cultura de México es machista debemos tolerar las faltas de respeto a las mujeres en la vía pública, o las agresiones verbales y físicas que sufren a manos de cavernícolas misóginos, ya saben esos gritos de “¡Mamasita!” o las nalgadas y pellizcos en el transporte público.

Supongo que como esa conducta es algo que le han enseñado a los hombres desde niños, está bien dejar las cosas como están y no sancionarla.

Ahora bien, imaginen que están en un partido de fut femenil y alguien del equipo contrario le grita “PUTAAAAAAAA!!!!” a la delantera del otro; qué sentirán sus padres, hermanos, novio, o novia ¿les parecerá divertido que se den ese tipo de expresiones?

Luego está la cuestión de preparación, algunos dicen que los aficionados al futbol no cuentan con los estudios mínimos para distinguir una conducta ofensiva, pero les aviso que no hay título o diploma que reconozca el grado de imbecilidad de las personas, la ignorancia permea más allá que el estatus económico, social e incluso nivel de estudios de los habitantes de este planeta, el otro día un periodista “serio” y experimentado me dijo: “Las trans no son mujeres y le haces como quieras”… así las cosas amigos.

Hace algún tiempo, durante el mundial de Brasil, discutía precisamente el tema del grito de “Puto!” en los estadios, mi interlocutor era el dueño de un medio digital muy importante, él decía que los gays éramos unos exagerados, resentidos sociales, entre otros calificativos, y que por eso todo lo veíamos mal, básicamente que “ningún chile nos acomodaba”.

Ya emputado, literal, le pregunté: “¿Le gustaría a usted que yo le gritará ‘puta’ a su esposa o madre, porque para mí la palabra ‘puta’ es una broma?”, de inmediato sus ojos explotaron con una mirada de odio impresionante, balbuceó y sólo pudo responder: “Pero eso es diferente, los hombres pueden defenderse, las mujeres no”, ahí lo tienen queridos amigos, estereotipos y más estereotipos.

Obviamente no pienso que esté bien gritarle “puta” o “puto” a nadie, sólo fue un ejercicio de reflexión, y funcionó.

Un gran sector de la población sigue la línea del machismo, haciendo menos a las mujeres, dudando de sus capacidades y demostrando su desprecio ante su liderazgo.

La cosa es muy simple, la “cultura” machista u homofóbica no cambiarán hasta que empiece a ser sancionada y los ciudadanos se den cuenta que sus palabras pueden ser interpretadas mal, hiriendo la humanidad y dignidad de otros.

Amigos y amigas fanáticos del balompié, relax, el mundo no se acaba porque tengan que dejar de gritar “PUTO” en los partidos, demuestren que somos parte de una especie capaz de evolucionar en nuestras conductas e inventen un nuevo grito, no sé, empiecen con leer un buen libro al mes… digo eso les podría ayudar. 

Por @CriSzis

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Ciudad Gótica, capital de la desesperanza gay

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Durante el Tercer Informe de Gobierno de Miguel Ángel Mancera me enteré que la Ciudad de México sería nombrada “Capital Friendly” en noviembre próximo.

LEER MÁS: “Capital Friendly” encabeza lista de crímenes de odio

El jefe de gobierno dijo que era una muestra más del compromiso de su administración con la comunidad LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans). Estoy seguro de que sus intenciones son buenas pero lamento contradecirlo. 

La Ciudad de México no es “friendly” (amigable) con los LGBT, si bien tenemos leyes que nos permiten casarnos o que se reconozca nuestra identidad de género, la inseguridad que nos afecta rebasa cualquier título turístico que se quiera promover.

El DF encabeza la lista nacional de crímenes de odio por homofobia, 190 muertes de homosexuales derivadas de ataques por odio en los últimos 15 años, según datos de la Comisión Ciudadana contra los Crimen de Odio por Homofobia (CCCOH).

Luego de realizar algunas entrevistas a Óscar Montes de Oca Rosales, subprocurador de Averiguaciones Previas Desconcentradas de la PGJDF, a  Marco Enrique Reyes Peña, fiscal de homicidio de la PGJDF, y a la víctima de un caso de homofobia, confirme que la realidad del DF dista mucho de ser amigable con los LGBT.

Montes de Oca me dijo que bastaba con que la victima de un crimen se identificara como miembro de la comunidad LGBT para que sus protocolos especiales entraran en acción, una de las víctimas me mostró la declaración que le tomaron en el MP y en la que claramente se podía leer que es homosexual y que el ataque fue, al menos en sugerencia, uno de odio por homofobia, sin embargo los protocolos no entraron en acción de inmediato, y a la fecha su caso ni siquiera se ha investigado bajo esos términos.

Las organizaciones de derechos humanos poco han podido hacer por él y la autoridad simplemente no está capacitada para responder.

Este es el caso del que les hablo: PGJDF incumple protocolos en ataques por homofobia

Luego insistí y por semanas he intentado ponerme en contacto con la PGJDF nuevamente para que me ayuden a entender lo que está sucediendo, sobre todo cuando recién se anunciaron mejoras en citados protocolos. Al día de hoy sólo he recibido largas.

Empiezo a sentir que vivo en Ciudad Gótica, soy la fiscal que interpretaba Katie Holmes en Batman Begins y me doy cuenta que los gays, lesbianas y trans estamos desamparados, a nadie le importamos realmente (tranquilos no estoy diciendo que el personaje de Holmes sea LGBT).

¿Será que es momento de encender un enorme reflector desde la Zona Rosa con la batiseñal gay? ¿Será que necesitamos a un hombre o mujer valientes que se disfracen de homofóbicos para infiltrarse en el gobierno, los partidos políticos y las organizaciones civiles, además de los grupos criminales?¿Será que es el momento de clamar la presencia de un “gay murciélago” que nos salve del sistema y la sociedad?

Parece de risa pero no le encuentro otra solución, al día de hoy aunque contamos con una ley de matrimonio igualitario y ley de identidad de género, las autoridades y cuerpos policiales siguen tratando a los LGBT como ciudadanos de segunda.

En papel y ante el mundo somos la “Capital Friendly” pero en el día a día, seguimos siendo discriminados, atacados, burlados, asesinados…

No culpo al jefe de gobierno, Mancera tal vez quiera ayudar a mejorar la seguridad de los LGBT, pero alguien dentro de la Secretaría de Seguridad Pública del DF (SSPDF) o de la Procuraduría General de Justicia del DF (PGJDF) no puede o no quiere hacer su trabajo.

Esperemos que mis preguntas no tengan que ser respondidas por un enmascarado, esperemos que sí las autoridades se siente incapaces de cumplir con su obligación de cuidar a TODOS los ciudadanos, pidan apoyo, tal vez a la Liga de la Justicia LGBT, hombres y mujeres valientes que quieran hacer justicia por su propia mano…

NOTA: Los links redirigen a la fuente de la información que retomo. 

Por @CriSzis

TOP5 Cacería de homosexuales panistas

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Con mucha pena leí el día de ayer encabezados “escandalosos” que revelaban la orientación sexual y por ende política de Héctor Mendizábal, dirigente del PAN en San Luis Potosí.

Aprovecharon para llamarlo “hipócrita”, pues la postura de su partido rechaza la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción gay.

Argumentaron que estaba bien “desenmascarar” a los gays de clóset que según dicen, abundan en el PAN.

Incitaron a la burla, el escarnio y casi a perseguirlos con antorchas por las coloniales calles del bello San Luis Potosí, o mínimo crucificarlos políticamente.

Primero voy a dejar claro que no defiendo la postura de los panistas contra el matrimonio igualitario o la adopción gay, no soy partidario de sus líderes y de hecho me parece una agrupación retrograda.

Luego, conozco a muchos panistas gays, no son de clóset pero no creen en el matrimonio gay y sus convicciones políticas no los ánima a pasearse a bordo de carros alegóricos en marchas del orgullo. No estoy de acuerdo con ellos pero los respeto, las ideas y creencias de quien sea merecen todo nuestro respeto.

Sólo quiero recordar a quienes se congratularon con la publicación de dichas fotos y el “chisme” entero:

  1. Ser gay no es restrictivo

No por ser gay tienes que apoyar la legalización del matrimonio igualitario o la adopción gay.

La comunidad gay ha luchado mucho para hacer entender a la sociedad que la orientación sexual de las personas no tiene porque definir su buen desempeño laboral, sus capacidades intelectuales o su calidad moral, ¿por qué tendría que ser diferente para las posturas políticas?

La ideología política de una persona no tendría que ser cuestionada por su orientación sexual, ni como la maneje en público o privado.

Yo por ejemplo, soy  súper ultra mega gay (obvio) pero nunca publico fotos con mi novio, muchas personas creen que soy soltero porque nunca aparece mi pareja en Facebook o Twitter. No me avergüenzo de él, sólo no me gusta utilizar mi vida privada y a mis seres queridos para ganar likes, es una elección personal, cada quien...

Los gays podemos ser liberales, conservadores, podemos elegir entre vivir en pareja o ser solteros, podemos estar o no de acuerdo con la sociedad, no por ser homosexuales estamos impedidos a leer la Biblia y creer en Dios, también podemos ser ateos o panistas.

2. Matrimonio igualitario es un derecho

El matrimonio igualitario es un derecho, nos guste o no, México está avanzando a su aprobación oficial y esto aunque sí depende de los legisladores, también depende de la sociedad. La población es para bien o para mal la que los puso en sus curules, para que hablen por ellos.

En estados conservadores, la población es más conservadora y seguro la legalización del matrimonio gay tardará más, pero no debemos caer en discursos tan bajos y lamentables como querer “sacar a la luz” la vida homosexual de los actores políticos.

No nos hagamos tontos, siempre estamos pidiendo que los legisladores respondan a las exigencias de los ciudadanos y no a las personales, y cuando un legislador panista que es gay antepone el interés público al propio, ahora si lo condenamos… congruencia señores.

3. No todos los gays quieren casarse

Además les recuerdo una cosa, no todos los gays quieren casarse y tener hijos, muchos creen que eso es una idea heteronormativa a la cual los homosexuales no tenemos que atarnos.

Muchos dirán que el matrimonio igualitario promueve la igualdad, y concuerdo, debe ser legalizado, pero de eso a que nuestro único argumento político contra los detractores de la igualdad sea sacarlos del clóset y someterlos al escarnio público… no me decepcionen, somos mejor que eso amigos.

4. Salir del clóset también es un derecho no obligación

Un derecho personal. Nadie tiene el derecho a sacar del clóset a nadie. Por múltiples factores, gays y lesbianas prefieren permanecer en el clóset, es decir ocultando su homosexualidad.

De hecho no tenemos por que anunciar “hola soy gay”, los heterosexuales no lo hacen.

En el caso del señor Mendizábal, se ve que vive su homosexualidad libremente, tiene una pareja o varias o lo que sea (algo que no nos interesa), van a cenar, se reúne con otros amigos y en la noche… pues eso tienen más privacidad, o ahora quieren las fotos donde tiene sexo ¡NO!

Los procesos personales de aceptación y salida del clóset son personales por los múltiples factores que intervienen: sociales, psicológicos, familiares, tradicionales, entorno, seguridad, ambiente labora, etc.

Obligar a alguien a salir del clóset es insensible y va contra los derechos humanos.

Al final del día cada quien es dueño de su propia vida. Responsabilizó a los medios que publicaron dichas fotos, de lo que le pueda pasar a Mendizábal. Puede que hasta lo despidan, sea discriminado en su entorno social y familiar e incluso lo lleven al suicidio.

5. El PAN no va a cambiar

La Iglesia no tiene por que cambiar, el PAN tampoco. Si la Iglesia Católica, o la ortodoxa o los evangélicos, no quieren casar a gays y no quieren permitir que transexuales sean padrinos o madrinas de bautizo, pues que bueno, francamente debe valernos.

Por eso debe legalizarse el matrimonio igualitario, para que aquellos gays que quieran casarse (no todos quieren, volver al punto 3) puedan hacerlo.

Fuera de la iglesia el estado debe garantizar igualdad de derechos para todos los ciudadanos, sin importar su orientación sexual, color de piel o afiliación partidista.

El PAN tiene unos estatutos, una ideología, y una postura, si no nos gusta: NO voten por ellos, NO se afilien a ellos, NO asistan a sus mitines de campaña, NO les den RT o FAV, NO MAMEN.

Y bueno ya para despedirme, lamento que incluso medios serios hayan caído en el bajo recurso de la “cacería de homosexuales panistas”, esperemos que en el futuro nadie tenga que publicar ese tipo de contenidos para ganar likes o lectores incautos.

Por @CriSzis

Yo, el dictador gay

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El día de ayer se hizo viral un video lamentable, compartido por el grupo homofóbico “¡Dilo Bien!”, en el que Carlos Ramírez, licenciado en Derecho por la Universidad La Salle, avienta billetes con los colores del arco iris al ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Luis María Aguilar Morales, por “venderse” a la “dictadura gay” y apoyar la legalización del matrimonio igualitario y la adopción gay.

VIDEO: Homofóbico llama vendido a presidente de la SCJN por ceder ante “dictadura gay”

Estuve a punto de reírme, pero luego me di cuenta de las enormes implicaciones mediáticas de tan lamentables escenas.

Primero esta el odio. ¡Dilo Bien! logra con su acción difundir el odio contra los miembros de la comunidad LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans), específicamente contra las lesbianas y gays.

Al ponernos en una posición de “poder” calificándonos de “dictadura” y relacionando nuestro movimiento con el de Franco (dictador español) o Fidel Castro (dictador cubano), la población piensa: “claro los gays y lesbianas tienen mucho poder y quieren hacer su santa voluntad”.

Les voy a aclarar porque los gays y lesbianas no somos dictadores. Estudios realizado por Copred, Conapred y la ONU, entre otros, nos señalan como uno de los grupos más vulnerables pues no tenemos igualdad de derechos, como el derecho a casarnos y formar una familia, entre muchos otros.

Aún peor, la Comisión Ciudadana contra los Crímenes de Odio por Homofobia (CCCOH) informó que alrededor de 190 homosexuales, lesbianas y transexuales han sido asesinados víctimas de ataques violentos a manos de personas que no toleran su orientación sexual, expresión o identidad de género, esto el año pasado.

Así que no, no podemos ser dictadores, los dictadores son asesinos no víctimas. Y nosotros, léanlo bien, NO QUEREMOS ASESINAR A NADIE.

Segundo, el miedo. ¡Dilo Bien! infunde miedo en la comunidad gay (entiéndase que aquí entran lesbianas y homosexuales), pero también entre aquellos que se “atrevan” a mostrar su apoyo o trabajar por la igualdad de derechos.

Al final del ataque, Ramírez advirtió al presidente de la SCJN que esa era la “última llamada” y antes, en un comunicado donde incluso llamaron al presidente de México Enrique Peña Nieto, “solapador” de la “dictadura gay”, fueron enfáticos al informar que si los seguían ignorando llevarían a cabo acciones que nadie podría ignorar.

¿Es en serio? En un país como el nuestro, bañado por la sangre de miles de personas ¿necesitamos más violencia?

No se trata señores homofóbicos, de empezar una guerra contra los gays y lesbianas. Ustedes seguirán teniendo los mismos derechos, nada se les va a arrebatar, simplemente ahora gays y lesbianas accederán a lo que de por sí el Derecho les garantiza, entonces todos seremos iguales.

Tercero, la ignorancia. El movimiento contra el matrimonio igualitario y la adopción gay está empapado de ignorancia. Sus argumentos carecen de sustento científico y lógico ¿Por qué?

La respuesta es la religión. Este tipo de acciones siempre son protagonizadas por miembros de asociaciones religiosas, en el caso de Carlos Ramírez, es egresado de La Salle, que por sí no lo saben es una universidad de inspiración cristiana, que sí bien por compromiso dice respetar la diversidad, oficialmente condena la homosexualidad, el aborto, etc.

Otros grupos, como los organizadores de la marcha #JaliscoEs1xLosNiños, son formados por católicos, cristianos y evangélicos que aunque siempre están despotricando entre sí, encontraron en la legalización del matrimonio igualitario la mejor oportunidad para unirse y demostrar su “fuerza”.

Dicen que los gays y lesbianas destruiremos la familia, pero no se dan cuenta que al contrario, la figura de la familia será enriquecida y fortalecida.

Dicen que las uniones entre gays y lesbianas no debe llamarse “matrimonio”, cuando el significado de muchas de las palabras y términos que utilizamos hoy en día han evolucionado.

Se preguntan que cómo vamos a explicar a un niño el hecho de que tenga dos mamás o dos papás, pero no se preguntan como explicarle que fue abandonado y no tendrá ni lo uno ni lo otro, si nadie lo adopta.

Aseguran que las relaciones homosexuales son antinaturales, dicen que porque el ano es para defecar. Pero ellos sí, solapan a curas pederastas, monjas violentadoras sexuales de niñas y niños, y otras prácticas del ocultismo sexual.

Argumentan que los gays y lesbianas son un grupo muy pequeño y que por eso no deberían tener derecho al matrimonio y la adopción. Pero ese argumento va en contra del Derecho en sí, pues el Estado no debe proteger a las mayorías, sino a los individuos.

Finalmente sólo tengo algo que decir, a manera de sentencia, ya que soy un “dictador gay” y eso hacemos los dictadores gays:

No importa que griten, pataleen o hagan berrinche. México es un estado laico y su deber es proteger a cada individuo por insignificante que parezca a otros. Los gays y lesbianas podemos ser pocos y parecer insignificantes, pero somos ciudadanos que trabajamos duro, pagamos impuestos y queremos compartir nuestra felicidad con el mundo. En Paz.

Los quiere @CriSzis

Mean Gays: Ya basta de llamarse entre ustedes “pasivas” y “cuarentones”…

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Si bien en la década de los 70’s, al inicio del movimiento por los derechos de la comunidad LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans), requeríamos estas etiquetas para visivilizarnos y unir fuerzas, debemos recordar que el objetivo principal es el reconocimiento de la diversidad humana no sólo sexual.

Y es que últimamente nosotros mismos -ojo también me estoy señalando a mi- caemos en el error de subetiquetarnos y subdividirnos en grupos cada vez más cerrados y también cada vez más pequeños.

Hay grupos muy fuertes como los gays osos (bears) o las mujeres y hombres trans, que últimamente se están subdividiendo, aunque no tiene nada de malo reconocerse como únicos, ahora también se habla por ejemplo, no sólo de osos, sino de lobos y hasta nutrias, empiezan a darse rencillas por quién es el grupo más poderoso.

Que si las trans que lucharon en los 70’s y sobrevivieron a todas las vejaciones del gobierno y la sociedad merecen el trono trans, y que las más jóvenes no tienen derecho a hablar desde sus nuevas perspectivas.

Que hay dos tipos de homosexuales, los gays (con mejor estatus) o los putos (pobres y sin educación).

¡Ya basta de llamarse entre ustedes “pasivas” y “cuarentones”! deben ser los homofóbicos los que los llamen así… (*Mean Girls)

Creo que es momento de tomar conciencia de que más que una comunidad subdividida en grupos de poder, lo siguiente sería luchar por una mayor inclusión, reconociendo también la necesidad de los grupos heterosexuales de formar parte de nuestra comunidad, es decir una comunidad nuestra y suya, de todos.

Una que reconozca toda la diversidad humana sin etiquetas.

En serio, qué es eso de tratar de ganar mercado etiquetando a un grupo de gays cuarentones y segregarlo del resto. Como si la edad fuera un factor eje de la descomposición social.

No inventen, o más bien sí, sean más creativos, inventen formulas nuevas distintas a las tradicionales estrategias de mercado de las revistas 15a20 y Veintitantos.

Les recuerdo que para quienes ostentan el poder en nuestro país lo mejor es que estemos divididos, enojados los unos con los otros y nos olvidemos de las necesidades que nos hacen coincidir.

Como el derecho al acceso a servicios de salud pública de calidad. Todos, gays, lesbianas, bisexuales, trans, heterosexuales, asexuales (etc) necesitamos ir al medico y recibir tratamiento, partiendo por supuesto de un diagnostico individual; o el acceso a la educación, ¿qué van a pedir? ¿una universidad sólo para gays osos y otra para mujeres trans? NO! vamos todos juntos a la misma escuela, bueno no la misma, pero quien quiera estudiar Derecho irá a tal o cual universidad sin importar su orientación, identidad o expresión de género.

Hoy pido a todos y me exijo a mí mismo, evolucionar a un tejido social diverso, donde las diferencias enriquezcan pero nunca dividan.

Por @CriSzis

Orgullo Gay: ser un PUTO feliz

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Antes de la emblemática marcha del orgullo gay de mi ciudad, la capital de México, quiero compartir con ustedes mis razones para salir a la calle y hacer visible mi homosexualidad.

Recuerdo que cuando tenía unos 8 años me enamoré por primera vez. Su nombre era Francisco, un niño que llegó de intercambio a mi escuela.

A esa edad no tenía nociones de discriminación, no sabía de crímenes de odio y jamás nadie me había rechazado por ningún motivo.

Recuerdo que me inventaba cualquier pretexto para estar cerca de él y cuando mi hermana se dio cuenta de mis sentimientos, sólo me dirigió una sonrisa cómplice.

Pero todo cambió al crecer. Ya en la adolescencia fui testigo del odio, la aberración y el asco que los homosexuales provocamos a ciertos grupos de personas.

A los 14 empecé a temer por mi seguridad, intentaba ocultar lo obvio y decidí fingir ser otro adolescente, uno al que le atraían las mujeres.

Durante la preparatoria tuve que reprimir mis deseos sexuales y me conformé con las chaquetas (literal) mentales, todas las noches en mi habitación .

En la universidad mis encuentros sexuales con otros varones eran siempre a escondidas, en los baños, en nuestras casas mientras nuestros padres no estaban, en el bosque. Para dar un simple beso teníamos que asegurarnos de que nadie nos observaba.

Pero un día desperté luego de un hermoso sueño. En mi sueño me atreví a dar mi primer beso a Francisco, pasados los años nos hicimos novios, nuestras familias nos cuidaban como pareja; asistimos a fiestas familiares, terminamos juntos nuestras carreras y nos casamos en una pequeña boda en el campo.

Fue entonces que decidí que mis sueños se tenían que volver realidad. Salí de mi casa, fui a la universidad y llevé al que entonces era mi novio a “Las Islas”, en Ciudad Universitaria (donde estudiábamos).

Nos acostamos en el pasto a platicar y sin decirle nada, rodé hasta quedar encima de él y le planté el beso más dulce que he dado en toda mi vida.

Ahí, frente a decenas de parejas universitarias heterosexuales. CU es un ambiente muy amigable con la diversidad, así que no pasó mucho.

Luego, fui a clases y les dije a mis mejores amigas (Ady y Liz), “Soy gay”, me respondieron: “Ya lo sabíamos y te queremos tal como eres”.

Llegué a casa y se los dije a mis padres, les costó unos meses pero me aceptaron y hoy en día me aman igual que a mis otros hermanos.

Salí a la calle y decidí que nada me detendría para ser el hombre que quiero ser, un “puto pleno y feliz”.

Por qué “puto” se preguntarán. Durante todos esos años de crecimiento, al enterarme de la homofobia, lo que más me dolía escuchar cuando la gente se refería a nosotros los homosexuales, era que nos llamaban “jotos”, “maricas”, “maricones”, y por su puesto “putos”.

Decidí aceptar que soy un “puto”, no por lo que ellos piensan que significa. Decidí que lo más importante era el significado que uno asigna a las palabras. Si quieres que te lastimen lo harán, pero uno mismo tiene el poder de resignificar las palabras y utilizarlas para lo que queramos.

Desde entonces para mi, “PUTO” significa: “Persona Única Totalmente Orgullosa de quien es”.

Por eso este 27 de junio desde el Ángel de la Independencia y hasta el zócalo de la Ciudad de México, marcharé porque me siento feliz, tengo a mi familia que me ama, a mis amigos que siempre están a mi lado y a los nuevos amigos que cada día me dan la oportunidad de sonreír.

También marcho por todos los que siguen pronunciando la palabra “PUTO”, porque gracias a ellos soy un tipo fuerte, valiente y cada día mejor.

Por @CriSzis

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Gays clasistas podrían destruir lo construido

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La semana pasada fui invitado por la Red Ciudadana por la Diversidad Sexual a participar en el Conversatorio: “La reproducción de estereotipos LGBT en medios de comunicación” en la Universidad del Claustro de Sor Juana de la Ciudad de México. Hablé junto a personalidades como mi querida Ophelia Pastrana.

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Aunque la mayoría en la mesa de diálogo luchaba por erradicar los estereotipos gays, yo decidí defenderlos.

Creo que los estereotipos nos dan identidad y son parte de los ingredientes necesarios para construir más allá de una cultura gay, una Cultura Queer; inclusiva, que reconozca la diversidad, pero en todos los sentidos.

Y es que fue muy aburrido escuchar los clásicos argumentos en contra de los gays afeminados, delicados, sensibles. Hubo quien hasta advirtió que les “partiría la madre”.

Desde mi posición de hombre homosexual que acepta su lado femenino y lo abraza con orgullo, detecte que el problema radica en el machismo y la misoginia, conductas que contaminan todas las esferas de la vida en Latinoamérica.

En países como México ser mujer es sinónimo de incapacidad, ridículo, incompetencia, indefensión, debilidad, y hasta invisibilidad.

Ophelia Pastrana dijo que nos han enseñado a avergonzarnos nuestra parte femenina porque ser mujer representa una desventaja rotunda. “¡Pareces vieja!”, todavía gritan en escuelas, parques y hasta ambientes laborales cuando un hombre demuestra miedo, por ejemplo, con lo que asumimos que el miedo es una conducta primero vergonzosa y luego, exclusiva “cometida” por mujeres.

Mi conclusión al respecto es qué dentro de los estereotipos gays, el afeminado, “jotita”, “pasiva”, “maricón”, o como le quieran llamar, debe ser defendido primero porque representa el lado más femenino del colectivo homosexual, luego porque sería una forma de reivindicar nuestro reconocimiento al sexo femenino tan desprotegido en la sociedad, y finalmente porque “jotear” es nuestra marca registrada. (“Jotear”, es un comportamiento gay. Se trata de lenguaje femenino exagerado y toda una serie de expresiones para comunicarse de forma divertida)

Quien con gracia domine el arte de “jotear”, podría fácilmente dominar al mundo.

Luego entonces, cuál es el problema real. De hecho el problema real es el clasismo gay. Si bien la homofobia es un problema latente en todo el mundo, cuando los gays se encuentran en ambientes de vida tolerantes y hasta seguros, comienza el fenómeno de la discriminación entre gays.

En la Ciudad de México se dice que vivimos en una “isla de derechos”, y en cierta medida es verdad. Esto provoca que el grupo de gays más favorecidos económica y socialmente, sientan que la lucha ya está ganada y que los activistas son un grupo de ancianos renegados. Incluso dentro de las universidades existen quienes llegan a pensar que las cifras arrojadas por encuestas de discriminación son inventadas.

Esos gays creen que el problema ya está resuelto y sin sacar sus cabezas de la madriguera gay, comienzan a discriminar para adentro.

Son ellos los que dictan el buen comportamiento de todo hombre homosexual. Son ellos los que pregonan descarados: “Esta bien que nos gusten los hombres, pero no por eso dejamos de ser hombres”. Como si al “jotear” o ser afeminados estuviéramos olvidando nuestra dignidad masculina.

Esos gays también discriminan a los pobres, a los que no pudieron estudiar la universidad, que no van al gimnasio, que no gastan su dinero en videojuegos o ropa de Dolce&Gabbana, que no se codean con los youtubers de moda y no han viajado por todo el mundo.

Tampoco quieren a los homosexuales pasivos (hombres que son penetrados durante las relaciones sexuales entre varones), “pasivas” les dicen. Pues como sus mamás aprendieron y luego les enseñaron, “la que se deja meter la (verga) pierde”.

Ahora bien, como en cualquier grupo social, entre gays lo que más importa es el estatus económico. El que más dinero tiene, más valioso es.

Si tienes dinero no importa que seas afeminado, inculto, estéticamente desagradable y no leas ni los horóscopos. Si tienes dinero simplemente serás reconocido “el mejor gay de la ciudad”.

México es un país clasista, nos definimos a partir del dinero, mientras lo tengas lo demás sale sobrando, incluso si eres un “gay retorcido”, casi “una loca”. El dinero paga el respeto de los que más te desprecian. Si compras un lugar dentro de un grupo social respetable ya la hiciste.

Y como resultado, el clasismo gay es aún más ruin que el general. Pues provoca que entre una comunidad ya de por sí vulnerable, nos lastimemos los unos a los otros hasta destruirnos. Defender los estereotipos gays podría ser el primer paso hacía la emancipación de la subcultura gay y la integración social.

Cuando los gays hablamos de estereotipos nos mordemos la lengua y nos sangra la boca. Más que tratar de eliminarlos, debemos abrazarlos y defenderlos del ataque. Una buena forma de hacerlo es comenzar por nosotros mismos y dar el giro a ciertos términos que escuchamos desde niños.

Si te dicen, responde:

– “¡Pareces niña!”

R. “Sí ¿algún problema?”

– “¡Lloras como vieja!”

R. “Lloro porque se me da la gana”

– “¡Pinche puto!”

R. “¡Gracias guapo!”

Hay que darle la vuelta a las agresiones, demostrar a nuestros detractores que con sus ofensas lejos de lastimarnos nos hacen más fuertes y felices.

Cuando nos digan “jotitas”, demos gracias porque es tanta nuestra influencia en sus tristes vidas, que a la menor provocación nos reconocen.

Seamos conscientes que para ellos somos sus referentes, sus líderes de la moda, sus gurús del estilo, sus mejores amigos y de ahora en adelante un grupo de estereotipos listos para hacer de esta sociedad la generación más colorida y plena que se haya conocido en la historia de la humanidad.

Pero sobre todo, reconozcamos que construir divisiones entre nosotros no ayuda a nadie. Algunos gays dirán que no pertenecen a una “comunidad” y lo entiendo, pero la división no les ayudará tampoco a lograr sus objetivos individuales.

Al rechazarnos entre nosotros tarde o temprano pagaremos por arrogantes y descubriremos que sí bien somos individuos, vivimos en sociedad.

Y recuerden jamás llamar a la violencia. Aquellos que optan por responder con la misma piedra a sus agresores, están aún más atrasados en la historia. Debemos ir un paso más adelante, responder con mejores argumentos, ser felices y siempre sonreír.

Por @CriSzis

Somos lo mejor!